La Paz, un paraíso natural

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Por: Miguel Sebastiano

Proliferada a la vera del río Paraná, en lo más elevado del noroeste entrerriano, se encuentra la ciudad de La Paz. Paraíso natural que se mantiene constante en toda su extensión, con un entorno plenamente natural y un río Paraná que sabe brindar excelentes satisfacciones a los ávidos pescadores.

Por su ubicación privilegiada y sus rutas de acceso, la ciudad de La Paz, le brinda al pescador los escenarios pesqueros más generosos, tanto por la variedad que presenta como por el tamaño de las especies.

Esta reserva íctica provincial como es la Isla Curuzú Chalí, bordeada por el magnífico Paraná, ostenta con orgullo ribereño inmensas masas de vegetación acuática, compuestas por camalotes y entramados de frondosas plantas, todo lo cual propicia un ambiente ideal para que el pescador pueda pasar una jornada inolvidable.

Nuestro anfitrión

Hacia allí nos dirigíamos junto a Víctor Poli y Marcelo Mayor, ambos integrantes del programa "Al Aire Libre". A la vera del acceso principal a la ciudad de La Paz se encuentra el complejo Eben Ezer, propiedad de nuestro anfitrión, Víctor Flores. Quien mas allá de considerarlo un amigo es un excelente guía, muy conocedor de esta inmensa maraña de canales, riachos y lagunas que forman el delta de La Paz.

Víctor nos esperaba junto a su esposa, una mujer muy cordial, en su complejo que cuenta con tres bungalows completamente equipados. Bajamos nuestras valijas y después de las preguntas de rutina en cuanto a como está la pesca, nos dirigimos hacia el puerto de La Paz para botar la embarcación de Víctor y comenzar nuestra jornada de pesca.

El río en óptimas condiciones

Riachos como El Espinillo, El Ingacito, El Toro, El Curupí y el Río Guayquiraró serían los escenarios elegidos por Víctor para realizar nuestro relevamiento. El día se presentaba a pleno sol con una leve brisa del sector norte. El río en óptimas condiciones, con una altura de 3,80 metros, una temperatura de 17º C y un agua bastante limpia, ideal para la pesca con señuelos. Salimos desde el puesto de La Paz río arriba con la embarcación de Víctor, un trakker de 6,20 metros impulsado por un motor Yamaha de 40 HP.

La primera parada

El primer lugar elegido por nuestro guía fue la corredera de "Pajón", un accidente que presenta el Río Paraná con una profundidad que supera los 20 metros, donde el agua pega a gran velocidad contra la barranca generando de esta manera abundante oxigeno, el cual atrae la comida para este pez cazador como lo es el dorado.

Amarramos la embarcación y armamos nuestros equipos. Cañas cortas, algunas más poderosas que otras, reeles rotativos cargados algunos con monofilamento del 0,40 mm y otros con multifilamento de 24 mm. Las líneas terminaban en un líder de acero de 40 lbs a los cuales les anteponíamos un plomo pasante de 50 grs. para que pudiera bajar nuestra carnada hasta el fondo. Los anzuelos variaban entre los 7/0 y 9/0. La carnada, morena. En este lugar optamos por pasar el anzuelo por la boca y sacarlo a pocos centímetros detrás de la cabeza para que la misma no se desprendiera a causa de la gran correntada que presentaba el lugar.

Los primeros piques no se hicieron esperar. El primero lo acuso Víctor Flores, quien estaba practicando el spinning con un señuelo de media agua. Un doradillo toma con ferocidad el artificial produciendo en la embestida el corte del nylon. En ese mismo instante el carrete de mi reel comienza a despedir nylon, lo cual me lleva a clavar enérgicamente, haciendo que la caña se doble al máximo de su capacidad. Esta arremetida de un excelente ejemplar duro solo unos instantes ya que el mismo no estaba muy bien prendido y en su segundo salto, despidió el anzuelo.

Cambiamos de modalidad: fly cast y trolling

El lugar elegido en esta oportunidad era el arroyo Basilio. Un lugar tranquilo donde caía agua de una laguna. Víctor Flores preparó su equipo de mosca y se ubicó en la proa de la embarcación para poder castear sin molestar a los demás pescadores. Nosotros optamos por los señuelos. Después de unos tendidos cortos, Víctor cobra la primera pieza con mosca. Un precioso, pequeño y colorido doradillo que brindó un gran espectáculo con sus innumerables saltos.

Después de unas fotos fue devuelto a su ámbito. Luego decidimos movernos por El Espinillo para poder practicar en esta oportunidad la pesca a trolling. Usamos señuelos de media agua en colores variados. Mientras pasábamos muy cerca de la costa tengo una arremetida a mi señuelo, logrando que un doradillo se prendiera lo suficiente como para subirlo a la embarcación y fotografiarlo.

¿Suerte de principiante?

Transcurría la jornada y llegábamos al medio día. Decidimos modificar nuestros equipos y con un plomo de 15 grs. un líder y carnada, probar la pesca a la deriva. Tras una serie de piques fallidos y errados por nuestra parte, Marcelo acusa el primer pique certero. Completamente desconcertado, ya que era la primera vez que incursionaba en la pesca del dorado, comienza su lucha con un pez que se mantenía debajo del agua.

Después de una feroz lucha el tigre del río mostró su esplendor dorado al brindarnos un apasionante salto frente a nuestra vista. Marcelo lo levantó y lo sujetó con una mano del líder de acero y con la otra de la cola mientras yo le tomaba unas fotografías con mi cámara. Una sonrisa dibujaba su rostro mientras sostenía su primer dorado. Los demás cruzamos nuestras miradas diciéndonos, es solo suerte de principiante.

El Guayquiraró no falla

Luego entramos por el Guayquiraró y navegamos por sus adyacencias buscando una corredera para practicar la pesca con carnada. En esta oportunidad decidimos hacer unos cambios en nuestros equipos. Marcelo eligió una caña de spinning con un reel frontal con nylon de 0,35 mm. Los dos Víctor eligieron el multifilamento y yo un nylon blanco de la marca Sufix de 0,40 mm que me ha dado muy buenos resultados. En este caso las morenas las encarnábamos pinchando el anzuelo, a pocos centímetros de la cola, pasándolo por debajo de la parte ósea de la morena hasta sacar la punta cerca de la cabeza. Esto le daba una muy buena movilidad a nuestra carnada.

El chillido continuo del reel frontal de Marcelo hizo que nuestras miradas se dirigieran hacia la popa de la embarcación. Un dorado que no dejaba de sacar nylon de su reel, se desdibujo a lo lejos en un increíble salto. Allí comienza una faena que se extiende por más de 15 minutos. Cansados los dos, el pez y el pescador, logramos subir un robusto ejemplar que superaba ampliamente los 5 kg. Nuestro pescador principiante lograba su segundo ejemplar. Esto nos inyectó a los demás el entusiasmo suficiente, antes de devolverlo, para seguir realizando unos intentos más.

El fin de la jornada

Solo nos quedaba por averiguar si el surubí ya estaba comiendo en la zona. Víctor eligió el lugar. Un pequeño arroyo cubierto por carrizales. Lanzamos la embarcación a la deriva esperando que el toro del río se hiciera presente. Si bien el lugar era el ideal, estimamos la escasez de piques por la baja temperatura que tenía el agua. Sin resignarnos al fracaso con el surubí decidimos anclarnos en una corredera. Mientras degustábamos unos exquisitos salames mercedinos, una de las cañas acusa un pique. Tomo la misma del posacañas de la lancha y siento una pequeña llevada, ¡esto es un surubí! me dije a mi mismo esperando no fallar en la clavada.

Sabía que esta era la última oportunidad que tendía ya que el sol en el horizonte me marcaba el fin del día de pesca. Una clavada certera y un salto que se perdía con el resplandor del sol en el agua, nos daba la última satisfacción de esta jornada. Tras una lucha no muy larga, logro arrimar el dorado a la embarcación. Una vez arriba, el mismo se vio encandilado por un penetrante flash que disparó Marcelo desde mi cámara fotográfica. Un ejemplar que lucía muy bien su color amarillo brillante con tintes anaranjados y rojizos, nos daba la despedida de este maravilloso lugar que la naturaleza a coronado y el hombre lo ha llamado, La Paz.

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